Juan ponía en su carretilla de juegos barcos piratas, disfraces, piezas de puzzle… y dejaba un reguero de ilusión y de juguetes de camino al parque.

Muchos de sus vecinos le decían al pequeño que acabaría perdiéndolos todos, porque en esa carreta no cabían; sin embargo Juan los miraba extrañados y decía sin ánimo de batalla que su carretilla era mágica, nunca perdía muñecos, los regalaba y en muchas ocasiones los recuperaba tras mil aventuras que contar.

Juan no olvida que su click, un viejo juguete del Siglo XX heredado de sus padres había recorrido países enteros, es decir, calles del barrio en el que vivía. Este click emocionado saltó de nuevo a la carretilla mágica desde las manos de un bebé. Tenía que contarle lo que había disfrutado con otros niños en numerosas peripecias.

¿Realmente perdemos? ¿Necesitamos juguetes vitales?

[pull_quote_center] Ahora escaminando con una carretilla mágica. [/pull_quote_center]

 

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